Estamos en una nave de un polígono industrial a las afueras de Madrid. Es agosto y en la calle un termómetro marca 34 grados. Es de agradecer que no siga subiendo. En la nave no hay aire acondicionado sino ruidosas máquinas que arrastran grandes pliegos de papel para escupirlos impregnados en un combinado preciso de tintas tras pasar por sus rodillos. En el argot de las imprentas, le llaman arranque de máquinas y es el final de un proceso que está vinculado a Aprendeaver desde su génesis. Ni la edición ni la impresión de los cuadernos las dejamos al albur de la suerte, sino que son procesos a los que dedicamos tanto tiempo como entusiasmo. Tan importante es la elección de un cuadro como que la adecuación de las actividades cubra alguna de las competencias clave. El acierto de lo uno y lo otro es un factor importante en el éxito de una visita. El trazo de los dibujos y la selección de los colores se determinan para conseguir que el resultado sea un elemento motivador para los alumnos.

Pero seguimos en la imprenta. Las cubiertas con un cartón de gran gramaje en una máquina, los interiores en otra y poco a poco Enrique, Antonio y Fran ejecutan con paciencia los ajustes de color que vamos sugiriendo. Todo en pos de la calidad que siempre hemos tenido a gala. Lo que esas hojas muestren es importante porque forma parte de la identidad de Aprendeaver. Seguro que nuestra emoción al ver los pliegos impresos se os contagiará cuando llegue a vuestros coles el resultado encuadernado.